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MEMORIA NÓMADA: Las mil y una mudanzas de Cees Noteboom

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Mark Twain, un maestro creador de ficciones y frases célebres dijo alguna vez que viajar era un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente. Robert Louis Stevenson, otro fabulador contumaz, sentenciaba: “No hay tierras extrañas. Quien viaja es el único extraño”. El viajero es un ser único. Dueño o esclavo de sus obsesiones, de su sed algo metafísica, de su curiosidad terrena e inagotable. Con Cees Noteboom en el Convento de Santa Catalina, en Arequipa. Hay Festival 2017. Foto: Anahí Barrionuevo. El holandés Cees Noteboom es, también, un ser único. Un viajero que escribe, un viajero que descansa, alguien que entre un viaje y otro vuelve a su estudio en Menorca, donde lo espera un jardín del que cuida con devoto esmero y donde crecen, en su rigurosa y caprichosa geometría, cactos de diversas especies. Para decirlo en sus propias palabras, seis (así suena su nombre pronunciado en su lengua, el dialecto flamenco del neerlan...